Hombres en la Hendidura del Cambio
Desafíos de la deconstrucción
de masculinidades en las periferias de Bogotá y Facatativá frente a la reacción
conservadora y la machosfera digital
Por: Andres Molina Londoño
El laberinto de la
masculinidad alternativa en el epicentro de la reacción
Habitar el
tránsito hacia una masculinidad alternativa, ética y empática en la Colombia
contemporánea implica adentrarse en un denso entramado de tensiones
estructurales, disputas semánticas y repliegues ideológicos. En un panorama
global y nacional signado por la polarización, el resurgimiento de discursos
ultraconservadores y la proliferación de ecosistemas digitales que promueven la
misoginia, los varones que deciden deconstruir los mandatos tradicionales de la
masculinidad hegemónica no solo enfrentan el desarraigo de sus propios
privilegios habituados, sino también una abierta hostilidad comunitaria,
mediática y política.
Con este
escrito busco abordar las vicisitudes existenciales, políticas y éticas de los
hombres empeñados en agenciar la justicia social a través de la transformación
de sus subjetividades de género. La indagación no se realiza en el vacío; se
sitúa hermenéuticamente en la compleja realidad colombiana, haciendo un zoom
analítico desde las lógicas nacionales y regionales hasta las realidades
geopolíticas concretas de las periferias urbanas y semirrurales:
específicamente el borde popular de Bogotá y el municipio de Facatativá. En estas
geografías, cruzadas por el empleo informal, las economías del cuidado
precarizadas y la memoria viva del conflicto armado, el mandato de masculinidad
opera como un código de supervivencia y soberanía local. Por ende, renunciar a
la violencia y al dominio no es visto simplemente como una evolución moral,
sino, con frecuencia, como un acto de vulneración existencial o una traición al
orden comunitario establecido.
La paradoja del cuidado
marginalizado
La transición
hacia masculinidades empáticas, éticas y comprometidas con la justicia social
en las periferias de Bogotá y Facatativá constituye un acto de disidencia
política de alta peligrosidad epistémica y física. Esta deconstrucción se
encuentra asediada por una triple pinza: la violencia estructural e histórica
del territorio, la instrumentalización de la "batalla cultural" por
parte de narrativas neoconservadoras a nivel nacional, y la sofisticación de la
machosfera digital que capitaliza los afectos de rabia y frustración
socioeconómica de los hombres jóvenes en las márgenes urbanas.
La reconfiguración de la
derecha global y la instrumentalización de la batalla cultural
Para comprender
el escenario donde los hombres de las periferias colombianas intentan
deconstruirse, es imperativo cartografiar las macrofuerzas ideológicas que
moldean el sentido común contemporáneo. El fortalecimiento de las corrientes de
derecha y ultraderecha a nivel mundial no es un fenómeno aislado, sino una
respuesta sistémica ante las crisis de la modernidad y los avances de las
agendas progresistas y feministas. Históricamente, como señala Rodríguez
Araujo, las facciones ultraderechistas tienden a crecer e incrementar su
influencia cultural en periodos de alta incertidumbre económica y
desclasamiento social, presentándose como defensoras de identidades
esencialistas frente al multiculturalismo y la diversidad (Rodríguez Araujo,
2003). En el contexto colombiano, esta tendencia adquirió matices particulares
a través de discursos políticos basados en la doctrina de la "mano
dura" y la preservación de los valores tradicionales frente a supuestas
amenazas externas o subversivas (Rodríguez Araujo, 2003).
Esta mutación
política ha encontrado su principal trinchera operativa en lo que hoy se
denomina la "batalla cultural". Lejos de ser un debate meramente
teórico, la batalla cultural es un enfrentamiento ideológico explícito diseñado
para determinar qué valores, normas y creencias regirán el ordenamiento
institucional y afectivo de la sociedad. Inspirada paradójicamente en las tesis
gramscianas de la hegemonía a través de las ideas, la nueva derecha global
—difundida por conferencistas e intelectuales orgánicos de corte
neoconservador— ha logrado trasladar la disputa desde la arena estrictamente
económica hacia los terrenos de lo social, lo reproductivo y lo identitario. De
este modo, conceptos fundamentales para la justicia social, como la equidad de
género, la deconstrucción del patriarcado y los derechos de las minorías
sexuales, son sistemáticamente empaquetados bajo etiquetas descalificadoras
como "ideología de género". Para el hombre común, y en especial para
aquel expuesto a la precariedad material, esta retórica ofrece un chivo
expiatorio simplificado: sus dificultades económicas, su falta de empleo o su
crisis de representatividad no se deben a las contradicciones del modelo
socioeconómico, sino al supuesto avance de un feminismo institucional que busca
castrarlo o arrebatarle sus derechos fundamentales.
|
Estructura
de la Reacción Neoconservadora |
|
|
Componente
Macropolítico |
Avance de discursos de ultraderecha
basados en la intolerancia y el orden coercitivo. |
|
Estrategia
Discursiva |
Despliegue de la "batalla
cultural" para patologizar los enfoques de género. |
|
Dimensión
Afectiva |
Canalización del victimismo masculino y
la rabia ante la pérdida de centralidad social. |
La trinchera digital: la
machosfera, la cultura bro y el negacionismo del género
El anclaje
subjetivo de esta reacción conservadora se produce con asombrosa eficacia a
través de los ecosistemas digitales. La emergencia de la denominada
"manosfera" o "machosfera" constituye un conglomerado de
subculturas digitales unidas por discursos misóginos, teorías de la
conspiración antifeministas y una profunda nostalgia por la masculinidad
hegemónica tradicional. Espacios virtuales que albergan desde activistas por
los derechos de los hombres (ADH) hasta célibes involuntarios (incels), gurús
de la seducción (PUA) y comunidades como Men Going Their Own Way
(MGTOW), operan como verdaderas "cámaras de eco afectivas". En ellas,
las emociones de frustración, soledad y orgullo herido son amalgamadas
algorítmicamente para construir un tejido identitario basado en el victimismo
masculino. El sufrimiento de los varones ante las demandas de un mundo
cambiante es validado, pero inmediatamente redirigido hacia el odio sexista y
el cuestionamiento del marco normativo que protege a las mujeres.
Este fenómeno
se nutre directamente de la evolución histórica de la "cultura bro".
Surgida en la década de los noventa bajo el amparo de narrativas mediáticas que
cosificaban a las mujeres y celebraban la lealtad grupal masculina por encima
de cualquier consideración ética, la cultura bro normalizó conductas de acoso,
humillación y validación de la violencia sexual como ritos de paso necesarios
para el acceso a la hombría (Tango, 2023). Al trasladarse al entorno digital
moderno, esta subcultura se ha sofisticado mediante la memética, los streamings
de videojuegos y los discursos de influencers que difunden una visión
hipercompetitiva y mercantilizada de las relaciones humanas (Tango, 2023). Como
lo explican las investigaciones sobre la materia, la machosfera funciona
produciendo un "conocimiento de género antifeminista", cuyo fin
primordial es desmontar conceptualmente la existencia de la violencia de
género, tildar de falsas las denuncias por maltrato y posicionar al varón
heterosexual blanco como el sujeto verdaderamente oprimido dentro de las
democracias occidentales. El hombre que en su cotidianidad barrial intenta
cuestionar estas lógicas se enfrenta, por ende, a un linchamiento digital y
analógico, siendo calificado de "aliado deconstruido promesas vacías"
o subordinado a las dinámicas de humillación colectiva que estos mismos grupos
propugnan.
Hermenéutica local: las
periferias de Bogotá y Facatativá como territorios de tensión
Al descender
hermenéuticamente hacia la especificidad territorial colombiana, el análisis
adquiere una densidad dramática. En las periferias de Bogotá —zonas densamente
pobladas por comunidades desplazadas, sectores informales y juventudes sin
horizontes claros de empleabilidad— y en el municipio de Facatativá —un centro
urbano intermedio condicionado por las dinámicas agroindustriales del cultivo
de flores y el tránsito pendular hacia la capital—, la masculinidad no es un
accesorio identitario; es un dispositivo de regulación social y protección
física.
En estos
sectores populares, el declive de las condiciones materiales de existencia
provocado por políticas de desregulación y precarización laboral ha dejado a
muchos varones desprovistos del rol tradicional de "proveedores
económicos" (Tango, 2023). Ante la imposibilidad de ejercer la dominación
a través del salario, el mandato patriarcal periférico se refugia con mayor
vehemencia en el ejercicio de la fuerza corporal, el control territorial y la
soberanía doméstica como únicos reductos de afirmación de la hombría. Un varón
joven habitante de un barrio popular de la capital o de una zona de expansión
en Facatativá se encuentra inmerso en una paradoja existencial: si decide
deconstruir su masculinidad, renunciar a la agresividad defensiva y asumir
roles de cuidado afectivo y justicia socio-ambiental, es inmediatamente leído
por su entorno inmediato como un sujeto desprotegido, carente de la rudeza
necesaria para sobrevivir a las hostilidades del entorno urbano-marginal.
La paradoja se
agudiza cuando estos jóvenes acceden a internet a través de sus teléfonos
móviles. Los algoritmos de las redes sociales, diseñados para capturar la
atención mediante la radicalización afectiva, les presentan con insistencia los
contenidos de la machosfera global y nacional. De esta forma, el resentimiento
legítimo provocado por la exclusión social en las periferias de la nación es
canalizado no hacia la exigencia de derechos estructurales, sino hacia el
rechazo de las políticas locales de equidad de género implementadas en sus
municipios, las cuales son presentadas por las noticias falsas locales como
"derroches presupuestales destinados a destruir la familia
tradicional".
"La
deconstrucción masculina en contextos de marginalidad no puede ser un ejercicio
meramente intelectual o burgués; o es un proceso de arraigo comunitario y
protección mutua, o se convierte en un suicidio social para el sujeto que la
encarna."
El desafío ético ante las
noticias falsas y la desinformación de género
El ejercicio de
una masculinidad empática en estos contextos se estrella de manera directa
contra la sofisticación de las estrategias de desinformación. Las noticias
falsas (fake news) en materia de género han dejado de ser simples
errores de información para convertirse en armas de guerra psicológica dentro
de la batalla cultural contemporánea. En las comunidades de base de Bogotá y
Facatativá, los canales informales de comunicación —como los grupos familiares
de WhatsApp o las páginas locales de Facebook— se ven inundados de narrativas
hiperbólicas que distorsionan las reformas legislativas y las intervenciones
estatales de protección a la mujer.
Frente a este
escenario, los hombres que promueven la justicia social se ven obligados a
asumir una labor de "alfabetización crítica y contra-narrativa" en
sus propios círculos de socialización. El desafío ético radica en desmontar
falacias profundamente instaladas sin caer en la arrogancia discursiva que
suele alejar a los sectores populares de los debates académicos. No es una
tarea sencilla cuando los mitos de la machosfera —como la supuesta epidemia de
falsas denuncias por maltrato o la idea de que la legislación penal discrimina
inherentemente al hombre— son validados de forma cotidiana por líderes
políticos y religiosos con gran arraigo en los barrios periféricos. El varón
ético debe aprender a sostener el disenso en la tienda de barrio, en la jornada
de trabajo informal o en la asamblea comunitaria, disputando el sentido de la
justicia frente a compañeros que consumen diariamente píldoras informativas de
desprecio hacia los enfoques de equidad.
A modo de conclusión, una
esperanza radical desde las grietas del patriarcado
La
deconstrucción de la masculinidad en estos entornos periféricos, asediada por
los discursos de odio, el rearme conservador y el diseño tecnopolítico de la
machosfera digital, se revela como una de las tareas más urgentes e intrincadas
para la consecución de una paz estable y duradera. El análisis hermenéutico de
las realidades de Bogotá y Facatativá demuestra que no es posible transformar
las subjetividades de género de los hombres si no se transforman
simultáneamente las condiciones materiales y de seguridad que los empujan a
refugiarse en la violencia defensiva.
A pesar de la
hostilidad del panorama, existe una veta de esperanza radical. En las mismas
márgenes donde se incuba la reacción, colectivos de hombres jóvenes,
trabajadores, líderes comunales y artistas populares que comprenden que la
empatía y la ética del cuidado no son signos de debilidad, sino herramientas de
insubordinación política contra un sistema que los precariza y los condena a
ser carne de cañón de la violencia. Al tejer redes de apoyo mutuo, disputar los
sentidos en las plataformas digitales y reapropiarse de la ternura en los
espacios comunitarios, estos hombres demuestran que las grietas del patriarcado
son habitables y que desde las periferias sociales también se puede agenciar
una transformación civilizatoria profunda.
Referencias Bibliográficas
García Mingo, E. (2022). Jóvenes
en la manosfera: Influencia de la misoginia digital en la percepción que tienen
los hombres jóvenes de la violencia sexual. Centro Reina Sofía sobre
Adolescencia y Juventud; Fad Juventud.
José Rafael. (2023). La
Batalla Cultural. Unitel.bo. Recuperado de la sección de Columnas de
Opinión.
Organización Libertas.
(2024). La Batalla Cultural: Desafío para la Libertad y la Democracia.
Libertas Publicaciones.
Rodríguez Araujo, O. (2003).
El presente de la derecha y la ultraderecha en el mundo. Revista Mexicana de
Ciencias Políticas y Sociales, 46(187), 177-201.
Tango, S. (2023). Cultura
bro, la antesala de la machosfera. Pikara Magazine.
- Un Macho Alfa sin Melena
- La marcha de las putas
- Un niño otra vez…
- Ser hombre, entre un bastón de mando y un fusil
- Día de las masculinidades por la equidad de género
- Laura Montoya Upegui en la sociedad patriarcal.
- Palabras de un Hombre al Viento
- Lanzamiento del libro "Destellos de Tormenta Azul", Judith Bautista F.
- Piden asignatura de "autoestima y género" para erradicar violencia machista y feminicidios.
- La Marcha del Orgullo Gay, una caminata por la visibilización y el reconocimiento de las diversidades sexuales
https://docs.google.com/?tab=mo&authuser=0&pli=1#folders/0BzNZ-JwhOAS0aUd0Sno0TWNSUmk5bGUtVFVsZEQtdw


