Siento tu susurro,
en la cálida lagrima que emociona mi ser.
Siento tu presencia cuando brotas
sencillamente de mí.
Siento tu presencia
despacito, despacito.
Colándose por el balcón de mi amor
cantándome una canción azul
Te siento
porque al llamarte acudes
sin excusa, sin miedo
con tus manos llenas de alegría
de tu sencilla ternura
Te robas tres o cuatro sonrisas,
de la vieja lacena de mi tristeza.
Estando adentro conversas,
con la vieja soledad
Te acercas llevando agua
a mi sediento corazón,
y lo tomas en tus manos
y lo compartes con alguien
Traes contigo una lámpara
de luciérnagas grises y doradas
que disipa el espeso miedo de mi ser
que abre caminos por tus senderos
Y al final estas tú
mi buen Dios
cantando con la guitarra que le diste a Silvio
Cantando para mi, mi nombre y el suyo
una y otra vez.
Andres Molina